En una operación cada vez más digital, el personal formado es vital para bajar riesgos.
Vaca Muerta está evolucionando a esquemas de mayor digitalización, monitoreo remoto e inteligencia predictiva. Hoy, la optimización de los procesos y la reducción de fallas es posible gracias a salas de control que supervisan miles de pozos en tiempo real, sistemas SCADA, sensores de presión y vibración, y mantenimiento basado en datos permitieron reducir significativamente fallas en ductos y optimizar la eficiencia en campo.
Sin embargo, incluso en este contexto de automatización avanzada, el factor humano continúa siendo determinante. A medida que la complejidad técnica crece, también lo hacen las variables de riesgo. La tecnología y los protocolos son indispensables, pero su ejecución sigue estando en manos de personas.
Seguridad desde el origen: la incorporación
Tal como lo muestra el estatuto de la Comisión Mixta de Seguridad e Higiene en Vaca Muerta, un trabajo conjunto entre sindicatos, operadoras y empresas de servicios, la seguridad ya dejó de ser reactiva para convertirse en estratégica.
Incorporar personal sin experiencia comprobable en entornos no convencionales, sin formación específica en estándares HSE o sin adaptación a dinámicas 24/7 puede generar fricciones invisibles que impactan en demoras de tareas críticas, errores de coordinación, incumplimientos documentales y sobrecostos, entre otros.

Capital humano como variable de riesgo
La seguridad operativa en Vaca Muerta hoy se analiza bajo modelos integrales de gestión de riesgo, donde la continuidad productiva, la eficiencia y el cumplimiento normativo forman parte de la ecuación del negocio. La automatización reduce fallas técnicas, la digitalización mejora la trazabilidad y la ciberseguridad protege sistemas críticos.
Pero la correcta selección del personal es la primera barrera preventiva.
Validar antecedentes en operaciones industriales reales, evaluar certificaciones técnicas vigentes, analizar experiencia en entornos de alta presión operativa y medir capacidad de adaptación a equipos multidisciplinarios son mecanismos concretos de mitigación de riesgo.
Y así lo sostiene Anabella Albó, Directora Ejecutiva de Estudio Orbe: “En Vaca Muerta, la seguridad no empieza en el casco ni en el protocolo. Empieza en la decisión de a quién incorporás a tu operación.”

Continuidad operativa como objetivo
Está claro que el objetivo final -y principal- es el crecimiento sostenido de la cuenca y eso exige estructuras laborales alineadas a su nivel de complejidad. No se trata solo de cubrir posiciones, sino de integrar perfiles capaces de sostener estándares técnicos, coordinar bajo presión y actuar con criterio en entornos donde cada decisión impacta en seguridad y productividad.
En un ecosistema donde la inversión continúa expandiéndose y la competencia por eficiencia es permanente, la selección adecuada del talento técnico se consolida como una variable estratégica.
En Vaca Muerta, la tecnología es un acelerador y la normativa un marco. Pero la seguridad operativa empieza, y se sostiene, en las personas que ejecutan cada proceso. Será clave de aquí en adelante, saber seleccionar y contratar personal idóneo.