Para alcanzar la meta de 1,5 millones de barriles diarios se requiere un despliegue de capital sin precedentes.
La industria de los hidrocarburos en Argentina se encuentra ante un cambio de paradigma: tras haber superado los récords de producción de la década del 90, el sector ha cubierto la demanda local y ahora debe transformarse en un proyecto netamente exportador.
Según Ernesto López Anadón, presidente del IAPG, el éxito de esta nueva etapa no es automático. Requiere perforar una cifra cercana a los 1.000 pozos anuales y movilizar inversiones que oscilen entre los u$s20.000 y u$s30.000 millones cada año, un volumen de capital que solo será posible atraer con estabilidad y acceso a los mercados de crédito globales.

El salto logístico que demanda Vaca Muerta para duplicar la producción de gas y alcanzar el millón y medio de barriles de crudo diario es monumental. Las proyecciones indican que, en su pico de actividad, la cadena de valor deberá suministrar hasta 6 millones de toneladas de acero y 30 millones de metros cúbicos de áridos, además de construir unos 170.000 kilómetros de ductos. Este despliegue no solo involucra a las grandes operadoras, sino que tracciona a un ecosistema de 10.000 empresas proveedoras, de las cuales casi el 80% son pymes que sostienen miles de puestos de trabajo.
Para canalizar este excedente hacia el exterior, la infraestructura es el factor crítico. López Anadón destacó proyectos estratégicos como la reversión del Gasoducto Norte, la expansión de Oldelval y los terminales de exportación de crudo como el oleoducto Vaca Muerta Sur. En el horizonte del gas, los proyectos de GNL (Gas Natural Licuado) liderados por operadoras como YPF, PAE y Camuzzi son la llave para colocar hasta 30 millones de toneladas anuales en los mercados internacionales para el año 2030, aprovechando los nuevos permisos de exportación a largo plazo.
Sin embargo, el titular del IAPG advirtió que Argentina compite en una “carrera contra el tiempo” frente a otros polos productivos del mundo. Si bien se han logrado grandes avances en eficiencia, los costos locales todavía superan a los del Permian en Estados Unidos debido a factores impositivos, rigideces laborales y barreras a la importación. El sector reclama reglas claras que aseguren la competitividad y eviten ineficiencias regulatorias.