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Récord productivo en Vaca Muerta: el desafío ambiental detrás del crecimiento

El crecimiento productivo exige mayor control ambiental, gestión del agua y residuos.


El crecimiento de la producción hidrocarburífera en la Cuenca Neuquina continúa marcando hitos históricos. En este inicio de 2026 la provincia superó los 600.000 barriles diarios, consolidando a Vaca Muerta como el motor energético de la Argentina y uno de los desarrollos no convencionales más dinámicos del mundo.

Sin embargo, este récord productivo abre un interrogante clave que comienza a ocupar cada vez más espacio en la agenda de la industria: ¿está el sistema ambiental preparado para acompañar esta escala de desarrollo?

Desde la mirada técnica, el crecimiento acelerado de la actividad implica un aumento proporcional en la demanda de recursos, especialmente agua para fractura hidráulica, y en la generación de efluentes y residuos operativos. En este escenario, la sostenibilidad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en un factor crítico de continuidad operativa.

Para profundizar en este tema, Energía Patagonia dialogó con Gustavo Altuna, Licenciado y Socio Gerente de SG2 Consultores, empresa neuquina especializada en gestión ambiental y sostenibilidad para la industria energética.

Según explica Altuna, el récord productivo no debe interpretarse únicamente como un indicador de crecimiento económico.

“Cuando una cuenca alcanza niveles de operación como los actuales, la presión sobre el sistema ambiental cambia completamente de escala. Ya no alcanza con un cumplimiento administrativo estático: hoy la industria necesita una gestión ambiental dinámica y predictiva”, señala.

En ese sentido, la evolución de la actividad está llevando a que los estudios ambientales tradicionales comiencen a complementarse con nuevas herramientas de análisis, como la medición de huella hídrica, el seguimiento de emisiones y la evaluación de impactos acumulativos.

Uno de los puntos críticos es el manejo del agua dentro del sistema productivo. El crecimiento de la fractura hidráulica ha incrementado significativamente la generación de flowback, el fluido que retorna a superficie luego de las operaciones.

De acuerdo con Altuna, este fenómeno está impulsando un cambio de paradigma.

“La sostenibilidad real del desarrollo no convencional pasa cada vez más por la capacidad técnica de implementar modelos de economía circular y reúso del agua. Las soluciones tradicionales, como pozos sumideros o plantas de tratamiento convencionales, empiezan a mostrar límites frente a la escala actual de actividad”, explica.

Otro aspecto central es el cumplimiento normativo en toda la cadena de valor. Mientras las grandes operadoras avanzan en la implementación de estándares internacionales vinculados a reportes de huella de carbono y sostenibilidad, muchas empresas proveedoras aún enfrentan dificultades para adaptarse a la creciente complejidad regulatoria.

En particular, el especialista advierte sobre los desafíos en la gestión de residuos especiales y peligrosos, cuyo volumen aumenta directamente con la intensificación de la perforación.

“Cuando la producción crece más rápido que la gestión, aparecen brechas técnicas. Muchas veces el volumen de residuos generado supera la logística inicialmente planificada, lo que exige mayor profesionalización y planificación ambiental desde el inicio del proyecto”, indica.

Entre los errores más frecuentes que observa SG2 Consultores en el desarrollo de proyectos se destaca un fenómeno que Altuna denomina “ceguera jurisdiccional”.

Se trata de situaciones en las que iniciativas avanzan bajo habilitaciones municipales o evaluaciones parciales sin considerar que la autoridad ambiental competente en materia de licencias es la Secretaría de Ambiente y Recursos Naturales de la Provincia.

“La licencia ambiental es el corazón de cualquier proyecto serio. Cuando no se comprende esa estructura normativa desde el inicio, lo que parecía un activo operativo puede convertirse rápidamente en un pasivo contingente”, advierte.

A esto se suma otro problema recurrente: la subestimación de los pasivos ambientales y la demora en profesionalizar la gestión de residuos directamente en campo, lo que termina generando cuellos de botella operativos que impactan en costos y tiempos de ejecución.

Frente a este escenario, Altuna sostiene que la sostenibilidad del récord productivo dependerá de la capacidad del sector para integrar la gestión ambiental dentro de la estrategia operativa.

“La eficiencia productiva es inseparable de la eficiencia en el uso del agua y la reducción de emisiones. Las empresas que logren integrar auditorías de campo profundas, medición de huella de carbono y gestión ambiental avanzada tendrán una ventaja competitiva clara en la industria”, afirma.

En un contexto donde la actividad energética está cada vez más observada por los mercados internacionales y por la sociedad, el desafío para Vaca Muerta no será solamente producir más, sino hacerlo con estándares cada vez más rigurosos.

La verdadera oportunidad, concluye el especialista, es transformar el récord de producción actual en un modelo energético resiliente, capaz de sostener el crecimiento económico mientras protege los recursos naturales de la región.

Porque en la nueva etapa del desarrollo energético argentino, la competitividad también se mide en términos ambientales.


Por Pablo González

PG Marketing y Comunicación
Columnista en Energía Patagonia

Entrevistado Lic. Gustavo Altuna
Socio Gerente de SG2 Consultores Medioambientales